Las células cancerígenas tienden a multiplicarse más rápido que la mayoría de los tejidos del organismo y dado que la radiación es más dañina para las células que se reproducen rápidamente, ésta destruye más las células cancerígenas que las células normales. Esto impide que estas células malignas se sigan reproduciendo y por lo tanto que el tumor continúe creciendo. Infortunadamente, las células sanas de división rápida también pueden morir a causa de este proceso, como es el caso de la piel y el cabello que son algunos de los tejidos que sufren el impacto más notorio, provocando lesiones de piel, quemaduras, enrojecimiento y una posible pérdida del cabello. La radioterapia se usa para combatir muchos tipos de cáncer. A menudo, se usa para reducir el tamaño de un tumor que se va a extirpar durante una cirugía o se administra después de la cirugía para prevenir su recurrencia. Algunas veces, es el único tratamiento que se necesita para curar ciertos tipos de cáncer. También es útil para dar alivio temporal a ciertos síntomas o para el tratamiento de lesiones malignas que no son accesibles mediante la cirugía. Para ciertos tipos de cáncer, la radiación es el único tratamiento necesario y es un tratamiento que también se puede utilizar para brindar un alivio temporal de los síntomas o tratar malignidades (cáncer) que no se pueden eliminar con cirugía. Las siguientes son algunas de las sustancias radioactivas comúnmente utilizadas: - Cesio (137Cs)
- Cobalto (60Co)
- Yodo (131I)
- Fósforo (32P)
- Oro (198Au)
- Iridio (192Ir)
- Itrio (90Y)
- Paladio (109)
La radioterapia puede tener muchos efectos secundarios, los cuales dependen de la parte del cuerpo que se irradie, la dosis y el horario de irradiación:
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